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Es constante el incremento en la variedad de artículos
que pueden ser vendidos por medio de máquinas expendedoras.
Un mercado ávido por obtener un acceso rápido y cómodo
a los productos que consume incentiva el ingenio de los fabricantes
para la creación de nuevas máquinas expendedoras.
La explotación de este tipo de máquinas la considero
afín a la operación de máquinas recreativas. Dentro de mi
clasificación de máquinas recreativas son un caso particular de las máquinas
prestadoras de servicio.
Es tan así que las expendedoras de gaseosas, jugos y/o
bebidas calientes complementan muy bien en los actuales locales de
maquinas recreativas, dando al cliente una mayor comodidad y
permitiendo en consecuencia una mayor estancia del mismo en el local.
En nuestro país hasta ahora no ha prosperado este tipo
de actividad fundamentalmente debido a la falta de una moneda estable
que permitiese un acceso directo del consumidor al producto sin tener
que pasar por el tramite previo de la compra de fichas o cospeles que
complican operativa y administrativamente la explotación.
Por supuesto, también en aquellos casos en que la
actividad hubiera sido posible las reglamentaciones en vigencia se han
ocupado de complicarla o impedirla.
En algunos países se ha extendido tanto el uso de las
expendedoras que el contenido de las mismas abarca los artículos mas
diversos.
A las ya conocidas expendedoras de bebidas, alimentos,
snack, golosinas se agregan expendedoras de comidas calientes
preparadas dentro de la máquina al momento de ser requerido por el
cliente. Así, introduciendo una moneda y luego de un razonable tiempo
de cocción, dispensan una porción de papas fritas ó una exquisita
porción de tallarines al dente.
En Barcelona, España, la empresa editorial Columna ha
comenzado a vender libros mediante expendedoras, colocando las máquinas
en locales de distinto tipo pero con el común denominador de ser
frecuentado por un público
de cierto target. La máquina contiene 400 ejemplares de 20 títulos
diferentes.
Más sorprendente aun es el caso de una gran cadena de
joyerías japonesas que, a la espera de un incremento en sus ventas, ha
implementado un sistema de máquinas expendedoras para la
comercialización de sus productos.La idea motora de este sistema
persigue como objetivo la captación de una clientela potencial que
mantiene ciertas aprensiones para entrar a una joyería. Los artículos
en venta son fundamentalmente collares y brazaletes de fantasía,
aunque siempre hay alguna pieza con una perla o una piedra preciosa. El
valor de estos objetos nunca supera los 35000 yen.
Lo primero que a uno se le ocurre pensar es como
proteger la mercadería de los ladrones. También fue previsto este
problema. Si se intenta abrir ilegalmente la máquina sonará una
fuerte alarma, al mismo tiempo que un líquido pestilente moja al ladrón
y un gas envuelve su cuerpo provocándole lagrimación y sensación de asfixia. Una vez disipado el
gas si se detecta un nuevo intento de robo el ladrón recibirá
nuevamente el mismo trato. El gas no es peligroso y la autoridad
competente lo ha reconocido como comercializable de acuerdo a las leyes
vigentes en Japón.
En Suiza existen verdaderos almacenes que despachan el
producto seleccionado, cobran y dan el vuelto en forma automática y
sin la presencia de ningún operador.
En USA existen expendedoras de videocasetes grabados
que permiten el alquiler de los mismos por medio de tarjetas de crédito,
funcionando como auténticos video-club automáticos.
Sería largo de seguir nombrando mas casos, pero de lo
expuesto surge sin lugar a dudas que el campo de aplicación de las máquinas
expendedoras es muy vasto y con un gran porvenir.
Por supuesto las exigencias operativas son grandes y el
éxito del negocio requiere mucha organización y personal entrenado
para esta actividad.
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